domingo, 22 de octubre de 2017

El espejo y la perla.


He conocido a una persona que me ha animado  a buscar la verdad dentro de mi, sí dentro de mí misma, porque no tenemos que buscarla en los templos, ni en las palabras más o menos adornadas y coloreadas de los programas de televisión.

Tuve la fortuna de conocerla y desde entonces, paulatinamente se produjeron cambios en mi,ya que para transformarse,
no se necesita ser seguidor de un gurú,se precisa  la chispa que encienda el anhelo
de hacerlo.

Nada de esto me fue impuesto,por alguien más, simplemente llegó a mí, como una perla que trae la marea. Su fulgor es tan exquisito que me habla de compartirla, es por eso que escribo estas líneas.
Es una perla tal, que comencé a observarme a través de ella. Y comencé a verme en ella como si fuera otra yo, veía magníficas cosas que no sabía que existieran en mi.

Es una perla tan brillante como espejo de obsidiana, que refleja mi imagen.
Los espejos no buscan protagonismos, solamente están ahí.Igual que las perlas que son bellas en sí mismas, sin buscar ser el centro, conscientes de que el mar las puede llevar y traer y en el camino ayudar a iluminar a alguien al verse en ellas.

Me he iniciado en un sendero pleno  de descubrimientos sobre los demás, pero sobre todo sobre mi misma. Digo "los demás" y ahora sé que aunque hay diferencias,simplemente son una separación semántica, no esencial, porque los demás y yo, SOMOS UNO MISMO.

Para terminar dejo una frase que me respondió a la pregunta de
¿Por qué casi no lees novelas?

"La vida es la mejor novela."
Era su voz, apenas audible, un dulce susurro como el caer de las hojas en otoño.

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